Una biografía del sentimiento
El 23 de
noviembre de 2018 Juana Domingo estaba en el Salón de Plenos de la Diputación
de León. En pocos minutos más el presidente de la institución entregaría
la medalla de oro de la provincia al Centro Región Leonesa de Ayuda Mutua de
Buenos Aires. En ese corto espacio de tiempo sin querer, casi,
despertaron sus recuerdos.
Se vio a
los ocho años cuando de la mano de su madre ingresó al Centro para acompañar a
su padre, un vasco excelente ajedrecista que jugó representándolo y el trofeo
obtenido unió para siempre a su familia con los leoneses. La escuela de
danzas fue el recreo de la niñez de Juanita. Luego, en la adolescencia,
ya con su propio número de socia al hacerse mayor de edad –en la actualidad es
el 17 –gozó de la vida deportiva que se ofrecía a manos llenas entre aquellas
paredes que eran una extensión de su casa.
La Comisión
de Damas la acogió y, siempre inquieta, diligente y desinteresada, pocos años
más tarde la presidió con honores. Eran épocas protocolares de las que
salió airosa. Por esa época de la juventud llegó el amor y lo descubrió
en los ojos de un leonés de Castro de la Lomba, Bernardo Mallo. La boda
se celebró –hace hoy cincuenta y nueve años –en un salón del CRL que quedó formalmente
inaugurado con el festín.
Sus
recuerdos iban ahora de prisa. Recordó a su hija mayor, joven y bonita
reina del Centro y los días cuando sus dos hijas integraban el conjunto de
danzas y bailaban representándolo. El viaje a España realizado con su
esposo, allí donde Bernardo sintió en su corazón una extraña alegría, la que
surge de una vida honrada cuando se regresa al pueblo que lo vio nacer.
Cuántas
fiestas y verbenas compartieron junto a sus hijas en ese mundo cobijado por la
bandera de color púrpura, la más antigua de Europa, la del reino de León.
La misma que en ese momento ennoblecía el salón donde se entregaría el
reconocimiento a la trayectoria de una institución que fue forjada por hombres
y mujeres como Juanita Domingo y Bernardo Mallo.